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martes, 22 de noviembre de 2022

EL AGUA; LAS CUEVAS Y TORCAS

 

Badaia es una sierra kárstica; eso significa que el agua de lluvia se filtra con rapidez en el subsuelo, creando problemas de abastecimiento para personas y animales.

Boca de la cueva superior de los Goros

Para poder disponer de agua para el ganado se ha recurrido al tradicional sistema de almacenamiento de pozos.

POZOS

Toda la sierra, tanto la comunal como la zona particular, está salpicada de pozos.

Una perspectiva aérea nos muestra claramente la posición de los pozos con su senda radiales, producidas por el ganado que se dirige hacia ellos.

El mantenimiento de los pozos ha sido fundamental para que los animales puedan abrevar en ellos. Los pozos se limpian cada dos años. Los habitantes de la sierra, formaban una hilera humana, y con baldes  iban secando todo el barro y basura que había en ellos. Si ya estaban secos, la mayoría suciedad la quitaban con las azadas y, después, los barrían con escobas de brezo.

Esta labor de limpieza era importante. No quitaban la capa de arcilla, que recubría el suelo y que los impermeabiliza. Si era necesario, reponían arcilla. En Trespuentes la cogían de los arcilleros, lugar ubicado entre la barrera canadiense y el parking de Santa Catalina. Amasaban la arcilla con agua, con los pies descalzos lo pisaban para tapar filtraciones. También aplastaban la arcilla con rodillos de madera.

 El mantenimiento de los pozos comunes de la Sierra se organizaba por cuadrillas, cada cuadrilla asumía los más cercanos pozos.

 INDIGAS

 El terreno kárstico de la Sierra avivó a desarrollar el ingenio para aprovechar el agua. Un fenómeno interesante fue el de las indigas, con estos se recogía el agua de lluvia y de las filtraciones naturales.

CUEVAS Y TORCAS

Las cuevas crearon un doble sentimiento en nuestros ancestros, por un lado, encontraron en ella refugio ante la climatología adversa y las fieras, por otro, sintiendo un gran temor a los seres míticos que moraban en sus entrañas.

 Los pastores herederos directos de este pensamiento utilizaron las cuevas como refugio para ellos y sus animales. Conocían cada uno de los recovecos donde se podían defender del frío o del agua, incluso donde podían pernoctar si así fuese necesario Sin embargo muchas cuevas sobre todo las de gran profundidad, les hacía sentir una gran angustia, pues presentían que estaban pobladas de seres extraños que escapaban a su control. Por eso es frecuente escuchar a los pastores que nunca se han adentrado en las profundidades de ellas. 

Las tres bocas superiores de Las Cuevas de los Goros

LOS GOROS

Es una cueva que se encuentra a unos 20 minutos por un camino que sale enfrente de mi casa. Se accede a esta cueva siguiendo el curso del río. La cueva de Los Goros es el origen del río Laña, un río cuyas aguas recorren los pueblos de Hueto Arriba, Hueto Abajo, Martiola, Mendoza y Trespuentes para más tarde regalar sus aguas al río Zadorra.

Es una cueva muy bien orientada hacia el suroeste protegida de los vientos del norte, por hallarse encajada en un pequeño barranco. Tiene cuatro grandes bocas en la parte superior, aparecen algunos huecos en el suelo que en tiempo atrás pudieron servir para recoger el agua que caía del techo la cueva. Es una urgencia de agua temporal cuando la pluviometría es abundante, en estos casos lo normal es que el agua emerja por la boca inferior, muy excepcionalmente y cuando las lluvias son torrenciales el agua sale también por la boca superior, a esta ventana superior se le conoce como ventana del Diablo o ventana de San José. cuenta con más de 2 km de galerías.

La primera incursión investigadora conocida la realizó Manuel Iradier en 1871. Algunos hallazgos nos dicen que aquí hubo un asentamiento visigodo, aunque bastante efímero, apareció un broche de cinturón decorativo.

Son cuevas muy visitadas por los que practican la espeologia aunque no exentas de peligrosidad, varios accidentes han producido en ellas debido entre otros factores, a la variación de altura de nivel del agua.

 La mitología contaba que, este antro, estaba habitado por Lamiak y que de éstas salían a peinarse fuera de la cueva con su peine de oro, si las veías morías.

https://euskalmitologia.com/my-product/lamia/
Lamia peinándose


 También contaban que esta cueva la habitaba un Basilisco de mirada mortífera, aseguraban que conectaba con otros lugares por ejemplo con la cueva de Santa Catalina o la sacristía de la iglesia de Nanclares de la Oca. Otra versión afirmaba que comunicaba con la torca de Santa Marina. Esa leyenda la he podido confirmar yo en un par de expediciones que realicé; una desde Los Goros y otra desde Santa Marina; toda la sierra está conectada subterráneamente.

 Así en una ocasión tiraron un perro a la sima de Santa Marina y aparecían los Goros, los Domaikia dicen que un pasadizo se dirige hasta debajo del santuario de Oro

TORCAS O SIMAS

Esta sierra tiene más de un centenar de simas. La gente las llama torcas. Antes se cuidaba mucho más las simas cerrándolas con maderos y césped, ahora están más abandonadas.

 Los pastores, cuando descubrían una, tenía la obligación de dar cuenta de ella, así recoge el artículo nueve de las ordenanzas de 1863; "es obligación de los pastores das parte a los pedáneos y estos a los comisionados si hubiese alguna torca o torcas peligrosas para cerrarlas.".

Cada cuadrilla tapaba sus torcas, si eran pequeñas les echaban piedras, si eran grandes las tapaban con ramas.

 El comisionado era encargado de convocar a la gente.

Las cuevas no son el único lugar intercomunicados por caminos subterráneos, La torta de Santa Águeda de Mendoza se afirma que comunica con Kanalarte, cerca de la cantera de Trespuentes; el Pozo Negro de Tetxa llega hasta Nanclares; la cueva de las brujas de Nanclares de la Oca tiene conexión con la iglesia de la localidad; la cueva de Santa Catalina, comunica con la de los Goros...


*Los datos y la información para la realización de este blog la he obtenido de: Wikipedia, el libro "La Sierra Brava de Badaia" de Carlos Ortiz de Zarate y de vecinos y familiares.

*Las fotos son propias y la de la Lamia de https://euskalmitologia.com/my-product/lamia/

miércoles, 2 de febrero de 2022

Conduciendo el desarrollo

    Corrían aguas en venideros años del decimocuarto siglo en Ontinyent. De andalusina acequia se consta que la villa regaba ya sus campos y fuera encauzada del mismo río Clariano. "Sèquia Antiga de la Vila", ahora llamada "Sèquia Vella", pues al tiempo se construyó una nueva. Mas con el tiempo, la agricultura de regadío vio estancado su desarrollo, con el cambio de siglo los eventos cambiaron.

    Corrieron aguas, esta vez mal y a deshoras, llamando a inundaciones y a sequías. Castigados los cultivos, empezaba el decimoquinto siglo y el Consejo de Ontinyent decidió afrontar la aciaga época obrando para mejorar el dominio del agua. El riego de la villa sería ampliado y el río aliviado de puntuales episodios de crecidas. Encargaron la tarea a auténticos maestros del agua, alarifes de obra que desafiaron así la accidentada circunstancia, creando una nueva acequia. Recogería el agua del Pou Clar y, nutriendo los campos a su paso, se reuniría con la antigua. Sería llamada "Sèquia del Pou Clar", ahora "Sèquia Nova".

Mecanismo de compuerta de la Sèquia Nova.
Foto: propia.
 

     Una orografía dibujada por el barranco complicaba el diseño del proyecto, debiendo elegir entre dos opciones arriesgadas: tomar el cómodo y largo camino que serpentea el río que, obrando junto a él, expondría la acequia a cuanto aconteciera al Clariano; o apostar pagando un ligero aumento presupuestario, que acortaría el recorrido y llevaría la acequia lejos de los destructores efectos de las riadas, adentrando la obra a través del interior de la montaña. Fue empleada la segunda opción, hace ya seis siglos, formando las largas galerías subterráneas que, saliendo a la luz y escondiéndose de nuevo, recorren hasta cientos de metros.

Muro que sujeta la acequia durante sus primeros metros.
Foto: propia

    Cien metros, sobre un muro que sostiene la acequia en lo alto, surgen del paraje del Pou Clar y recorren la ladera este del barranco, ahondando finalmente en la oscuridad donde empieza un auténtico viaje de agua. Viaje que da nombre a la conducción subterránea de abastecimiento de las aguas. Donde empieza la acequia, una compuerta regula el paso del agua, desviada desde la más grande de las pozas, el Pou de la Reixa.

Presa entre el Pou de la Reixa y el Pou Fosc.
Foto: propia.

    Pero no toda el agua derivada alimenta la acequia, pues hubo que crear una presa en tal poza que permitiera el paso del agua hacia la obra. Así se retendría la líquida masa, que contenida se vería liberada por un conducto hacia la acequia. Pero he aquí la gracia de los maestros del agua, que dos ramales formaron para dividir caudales. Uno se dirigía, sin duda, a la acequia y el otro al Pou Fosc, que privado por la presa, recibía así el caudal que merecía. Fue creada entonces otra compuerta, regulando también el paso, como en el caso de la acequia.

Cascada artificial del Pou Fosc, formada por su compuerta.
Foto: propia.

    Otro elemento fue creado en la gran poza donde se redirige el agua y, orquestado en pos de la seguridad, evitaría el acceso al conducto a nado. Una reja, que en la boca de esta poza le dio el nombre que ya conoces: el Pou de la Reixa.

Reja del Pou de la Reixa.
Foto: propia.

 

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lunes, 31 de enero de 2022

Revitalizando cuerpo y alma


    
El agua ejerce un poder ineludible de atracción, una llamada natural a la que todos respondemos tentados de un modo u otro. Ya de lejos, el sonido de su corriente nos invita a acercarnos, a descubrir la fuente que reclama nuestros instintos primordiales. Es inevitable, donde el agua es anfitriona, la vida es huésped. Sacia nuestra sed, limpia nuestra piel y donde se encuentra reunida nos obsequia con la posibilidad de adentrarnos en ella. Un baño, un chapuzón, sumergirnos y flotar suspendidos, libres de cualquier tribulación, mecidos bajo su amparo de cristal.

 

Nadando en el Pou de la Reixa. Foto: Amics i amigues del Pou Clar.

 

     Frío, tan odiado y tan amado, en invierno y en verano. Pues aquí en el Pou Clar, darse un baño en julio o mayo, es tan frío como en fin de año. Es por eso que aunque nieve, aún verás que alguien se adentre. Por qué el agua de manantial, refresca siempre por igual. Esto lo aprovechan deportistas y no deportistas, que encuentran virtudes fisiológicas muy beneficiosas. Vienen niños a jugar, dando saltos desde lo alto o nadando, nada más. Los mayores también van, que aunque tantos saltos ya no dan, si que acuden a meditar. Pero al margen de la edad, vayan o vengan a mirar, muchos buscan en realidad remojarse en el Pou Clar.

 

Joven saltando al agua del Pou de la Reixa. Foto: Joan Castillo.

 

 

       Si que es cierto que en verano, a más gente verás llegar, aunque durante el resto del año a muchos encontrarás. En los meses de calor, las visitas buscan refrescarse, pero el regalo de un buen baño nos lo ofrece todo el año. Haz la prueba, ven sudando y seguro te vas a tirar. Luego asómate anocheciendo y su magia verás brillar, reflejando la luna en su manto y seguro pensar en nadar te hará despertar y soñar.

 

Pou Clar en verano de 2020. Foto: elperiodic.com

 

       Creerás que al paraje la fama le viene de nuevo, que las redes lo han expuesto y se abusa con excesos. En pleno agosto, verás que es famoso, que familias y familias lo anhelan visitar. Pues te digo que, si bien es cierto, hace ya medio siglo que se suele abarrotar. Creeme, que en los sesenta ya subían en bus al Pou Clar, que accedían a pie por la senda o aparcaban al llegar.

 

Pou Clar en la decada de los 60. Foto: Juanma PG.
 
Bus que subía al paraje en los 60. Foto: Amics i amigues del Pou Clar.

     A mediados del treintaitrés, hace ya casi cien años, publicado en "La Paz Cristiana", se denuncian las andanzas de nudistas forasteros:

"Del sonrojo que les causa ver empeñada la nitidez del cielo de esta Ciudad de la Purísima con el negro manchón de la colonia naturo-nudista bisexual que toma los domingos por asalto el Pou Clar con escándalo de los incautos que se aventuran por paraje tan típicamente onteniense"

 

    Y es que claro, parece que el paraíso invita, y el encuentro como mínimo, inquietud suscita. Si a ti te ruboriza, seguro que esto te tranquiliza, pues seis años más tarde se publica un edicto que explicita:

"En vista de las innumerables denuncias que han llegado a alcaldía relativas a los constantes ataques a la moral y decencia públicas que se cometen por los que, en forma indecorosa acuden a bañarse en distintos puntos del río Clariano, se conviene tomar enérgicas medidas en evitación de tales actos intolerables e incompatibles con el espíritu y las normas moralizadoras de la España Nacional, por lo que se publicarán bandos advirtiendo a los bañistas la obligación de vestir trajes decorosos”

 

    Es querido, de eso no hay duda, pues amigos y amigas lo cuidan asociándose en su nombre. Se reúnen en concilio y atesoran sus pasajes, haciendo honrosas memorias de este preciado paraje. Entre archivos y registros, comparten historias de éxitos, algunas de aquellos años setenta. Como el caso de un amante, enamorado del Pou Clar, que originario del levante llevó su gloria a un glaciar. Hablamos de Hèctor Verdú, alcoyano de nacimiento y aventurero de renombre, que a Ontinyent enorgullece con gestas de bautismo. De expedición al Ártico, coronó la gran isla de hielo, Groenlandia, donde gracias a él una cima es llamada Puig Ontinyent.

 

Hèctor Verdú en Groenlandia en 1970. Foto: Amics i amigues del Pou Clar.

 

    Y si aún dudas de cuán fría está el agua del Pou Clar, atiende: Verdú en Groenlandia puso su nombre a un glaciar.

 

Hèctor Verdú acompañado en el Pou Clar nevado. Foto: Juanma PG.

 

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martes, 25 de enero de 2022

Fluye la vida, vive el Pou Clar

    El agua, fuente de la vida, de formación y transformación. El elemento primordial que moldea la blanca roca a su paso, creando el paraíso fluvial del Pou Clar de Ontinyent y colmando las cuencas con su cristalino azul turquesa. Aquí, emergiendo clara y fresca, sigue el curso que conforman un conjunto de pozas unidas por corrientes y pequeñas cascadas. Cede su cauce al río Clariano, a quien cede también su nombre pues, de sus aguas nace éste.

Foto: Pablo Gonzales Torres.

     La presencia de estas aguas llaman tanto a fauna como a flora, conservando el equilibrio que reúne a su alrededor a especies de los tres elementos: agua, tierra y aire. Desde plantas acuáticas sumergidas o flotantes, a aquellas que consiguen el agua cerca del cauce y hasta las que pueden encontrarla buscando tierra adentro. Animales ligados al curso del agua, unos habitando dentro de ella, otros fuera y algunos incluso cohabitando ambos medios. También los hay de paso, surcando el cielo junto a sus paredes o asomando intrépidos a través de la espesura entre la que vuelven a esconderse.

    Pero no solo la fauna silvestre acostumbra a hacer la visita por aquí, pues el paraíso alberga rincones donde mujeres y hombres gozan del preciado tesoro ante el que nos encontramos. Cristalinas láminas naturales de agua en las que sumergirnos, nadar a lo largo de las mansas piscinas de nívea roca y revitalizar tu cuerpo y alma. Un manantial para la calma y la relajación que nos conecta primordialmente con el entorno. Si bien, también invita al atrevimiento y la valentía, ofreciendo saltos que nos harán mantener la respiración cuando busquemos sensaciones de auténtico vértigo.

Foto: Pablo Gonzales Torres.

    De una tierra de conquistas, el Pou Clar no se libra, pues el paso de la historia ha dejado en su pared escritas las marcas de antiguas visitas. Ahondado, el alto muro sobre las pozas muestra grabadas ventanas como si de un edificio camuflado se tratara. Vestigios de otro tiempo que evidencian que son tantos quienes han pisado este paraje, bien sea caminando, por el fondo de sus aguas nadando o en lo alto, desde sus adentros, asomando entre los dinteles de ventanas pétreas.

    El paso del agua, entre saltos y remansos, se divide en dos cursos: el natural, creado por la inexorable fuerza de los elementos que atraviesa el barranco; y el que fue guiado por la mano humana, encauzado con esmero hacia el interior de la montaña para suministrar el líquido elemento a la tierra de los necesitados, conduciendo el desarrollo de la agricultura de regadío.

Foto: Pablo Gonzales Torres.

    Desde el Pou Clar, conectando con el pueblo, se abre el camino que a él nos lleva, la Senda del Alba. Que con el paso de los pasos, los que por él hemos dado, recorremos en ella las andanzas de quienes a pie la formaron.

    Adéntrate por un momento en el paraje con este video de Javier Torró:

  

    A continuación, atrévete a conocer en profundidad todos estos valores, pues tan solo has descubierto pinceladas de cuanto entrañan. Y así, vive el Pou Clar, porque en él y de él, fluye la vida.

Creando el paraíso fluvial

Emergiendo clara y fresca

Conservando el equilibrio

Revitalizando cuerpo y alma

Asomando entre dinteles

Conduciendo el desarrollo

Conectando con el pueblo