
Hubo en la antigua Grecia, época en que la humanidad se debatía entre
el mytos y el logos, es decir, entre la magia y la razón. Una leyenda que contaba
que en un mundo de divinidades inmortales, los dioses decidieron crear los
seres vivos que habitarían la tierra, este trabajo recayó en manos de los
titanes Epimeteo y Prometeo, los cuales crearon las especies que poblarían la
tierra y las dotaron de sus atributos, a unos la rapidez, a otros la belleza, a
otros la fuerza…estando ya todas las especies sobre la tierra, Epimeteo se dio
cuenta que había dejado a una especie, desnuda e indefensa, los hombres, para
repara el error, robó de su hermano la inteligencia y del Diós Efesto el fuego
y se los regaló a los hombres creando así una especie a semejanza de los
dioses. Quizá, el gigante Epimeteo, desconocía el verdadero poder de la
inteligencia, y los efectos que esta puede provocar si no se hace un buen uso
de ella. Los humanos, acumulamos inteligencia, progresamos y en la medida en
que fuimos descubriendo el poder de este don, nos hicimos cada vez más y más
narcisistas perdiendo poco a poco la fe en la naturaleza, nos adueñamos del
medio y del resto de las especies.

Los seres humanos, siempre hemos estado vinculados a la naturaleza por
conexiones supramateriales. Egípcios, Mayas, Incas, Celtas, Fenícios, Griegos,
Romanos… todas nuestras civilizaciones pretéritas de un modo u otro han
venerado a la naturaleza. Nuestros
dioses antiguos adoptaban forma de animal, Atenea era representada por un búho,
Zeus el Dios toro, dominador del rayo, Astarté diosa madre para los fenicios,
representada por un águila, Diana diosa de los bosques y de la caza Poseidón
DIós de los mares, Eolo Diós del viento, Gea diosa tierra, incluso el espíritu
santo si se quiere, adoptó forma de paloma.

Este pequeño tributo, va dirigido a un tiempo, en el que la naturaleza
era tenida en cuenta por los hombres, respetada, temida y venerada. Hay otra
forma de vivir nuestro entorno. Cierto es, que nuestro progreso como especie,
nos separa de la superstición y el mito, pero no nos debería separar de la
naturaleza, porque si olvidamos eso, que formamos parte de un entorno frágil,
estamos condenados como especie, si creamos un mundo completamente artificial,
desaparecerá la magia y el alma de las personas junto con nuestro entorno.
Pau Estruch Aparis.
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