jueves, 12 de noviembre de 2020

Un retorno hacia sus orígenes históricos.

       Desde un punto de vista más general, podemos decir que la reserva muestra importantes valores históricos, culturales y arquitectónicos, fruto de su estrecha relación con el Real Sitio de Aranjuez, al que el Mar de Ontígola estuvo abasteciendo de agua desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XX. 


        Los orígenes del Mar de Ontígola se remontan a 1552, cuando el príncipe Felipe II, firmó una instrucción en la que instaba al gobernador de Aranjuez, a hacer una laguna muy grande en el arroyo de Ontígola, y otros dos o tres pequeños en el de hacia Ciruelos, para que acudieran aves de cetrería para la caza de altanería. Las obras comenzaron a finales de 1568, bajo la dirección del arquitecto e ingeniero Juan Bautista de Toledo, en las que también participaron distinguidos maestros y fontaneros. Finalmente Juan de Herrera y Jerónimo Gil concluyeron el proyecto en 1572. 

      Aunque el embalse fue creado para el riego de distintos huertos y jardines, también desarrolló una función lúdica, principalmente durante los siglos XVII y XVIII. En el se practicaba la navegación recreativa y se celebraban torneos, fiestas y juegos, como el de los despeñaderos. Esto consistía en la caza de animales, preferentemente toros de lidia, que se lanzaban a la laguna desde precipicios preparados para ello, para que una vez dentro del agua les quitaban la vida por medio de distintos procedimientos.

Tradición taurina, Foto:visitaranjuez.com



      En 1625, Felipe IV encomendó al arquitecto Juan Gómez de Mora que levantará una isla artificial, en la que habilitaron un cenador, un embarcadero y un puesto de tiro, que en la actualidad han desaparecido. Setenta años después, en 1695, fue construida una plaza de toros, de fábrica ligera, en las inmediaciones de el Mar de Ontígola

  En el siglo XVIII fueron realizadas diversas infraestructuras hidráulicas, dirigidas a optimizar el caudal del estanque. En 1734 se creó el llamado Mar Chico, un estanque decantador vinculado al Mar de Ontígola, del que partía una conducción de agua hasta el jardín de la isla. Durante el reinado de Carlos IV se hizo una nueva acequia que llegaba hasta el jardín del príncipe. A lo largo del siglo XIX el embalse fue objeto de varias limpiezas, debida a la colmatación sufrida.

Distrubución de las aguas. Foto: estampasdearanjuez.com

        El Mar de Ontígola, alimentado por el arroyo que tiene el mismo nombre, se encuentra retenido por una presa de origen renacentista que mide 150 metros de largo y seis de alto. Para la construcción del dique se utilizó piedra de Colmenar de Oreja, y está formado por dos muros con relleno de tierra, que alcanzan conjuntamente un espesor de diez metros, con cinco contrafuertes en su cara externa, con una longitud cada uno de 3,3 metros y de ancho 2,75, a lo que hay que añadir otros en la parte interna que no son visibles al estar cubiertos de agua. Cabe destacar que la presa de Ontígola constituyo un hito en la historia de la ingeniería hidráulica, por las innovaciones técnicas que en ella concurrieron  y por ser el precedente de las modernas presas de contrafuertes, que arrancaron de las españolas del siglo XVI y cuya técnica fue llevada posteriormente tanto a Europa como América. A esto hay que añadir la peculiaridad de ser una presa de terraplén, que la sitúa entre las primeras de su género.

Presa de Ontigola, Foto: ecologitasenaccion.org

       Por otra parte en tiempos antiguos existía en el mismo lugar una balsa de agua conocida como el Fondón. Durante el primer cuarto de siglo XVI, en tiempos de los Reyes Católicos, el alcaide de la Casa y Palacio de Aranjuez, Gonzalo Chacón, mandó encauzar las aguas cercanas para dirigirlas a la balsa y así regar el prado de la población, recibiendo el nombre de El Regajal.

Al margen de sus recursos hídricos, El Regajal ha sido objeto de investigación por parte de numerosos naturalistas, que llegaban Aranjuez atraídos por sus valores naturales. Aunque las primeras visitas científicas se remontan al siglo XVIII, y fue a partir del XIX, coincidiendo con el desarrollo de la moderna entomología, cuando se hicieron más frecuentes. Durante el reinado de Fernando VII acudió al lugar el director del Real Gabinete de Historia Natural (institución que constituyo el origen de muchos museos de la actualidad) y posteriormente procedieron a su estudio naturalistas y zoólogos, quienes informaron de la diversidad de insectos de la zona en la obra Dietario inédito.

Dejo un video interesante que explica sus orígenes:

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